La pregunta que importa
Terminar de entender las cosas vuelve rígida la mente.
La frase es de uno de los relatos de El nervio óptico, de María Gainza, y ya estaba subrayada por alguien cuando el libro llegó a mí. De hecho, hay muchas palabras con lápiz debajo, señalando ideas dardo como si alguien antes que yo quisiera recordar lo imprescindible.
Para dejar de hacerme preguntas sobre H. me ayuda preguntarme acerca de todo lo que me rodea, lo que sucede a cada rato, lo cotidiano. Sí, ya sé que lo más sano sería dejar de hacerse tanta pregunta, en general, pero yo me empujo despacio.
Hoy no vengo a contaros nada, solo evacuo preguntas a las que no pretendo dar una respuesta, pero que ya han aparecido entre mis notas al menos dos veces.
¿A qué se dedica el vecino de enfrente que a mediodía siempre escucha jazz?
¿La vecina que escucha mantras tan alto, está meditando raro o rebajando un ataque de ansiedad?
¿Cuántos apple pie de McDonalds tengo que comer al mes para catalogarlo de adicción?
¿Por qué hay personas que entran a las tiendas 15 minutos antes del cierre?
¿Eso que acabo de oír es un señor diciendo que él también tiene depresión post parto?
¿Leo despacio porque no me concentro o porque el tema es demasiado estimulante?
¿De verdad el ukelele me ayudará con la frustración o solo quiero no pensar?
¿Por qué la gente se preocupa más al verme en silencio que al escucharme hablando nerviosa?
¿Por qué casi nunca recuerdo mis sueños?
¿Qué significa el sueño de esta noche?
¿Esto es hambre o pena?
¿Por qué me mira tan concentrado ese pajarillo?
¿Las palomas tendrán envidia de cómo miramos a los gorriones?
No entender nada de esto lo llevo bien, no entender otras cosas me despierta más resistencia. Dadme tiempo, estoy en marcha.
Escribo estas líneas en las notas del móvil mientras estoy sentada en un banco cualquiera de Matadero. Por delante de mí pasa una señora con su marido, que está indignado porque un perro corre juguetón hacia quienes se cruza y el dueño no sabe frenarlo.
El marido cascarrabias va despotricando como si tuviera una audiencia interesada, y la mujer le ha parado, sin soltarle de la mano, y le ha dicho con la misma energía que serenidad: “Pero a ti, ¿qué más te da?”
Y la verdad es que después de esa pregunta no tengo ninguna más que hacerme porque ese grupo de palabras tan simple y rotundo es el antídoto para casi cualquier idea en bucle.
Piénsalo despacio, con la honestidad que va hacia adentro, ¿qué más te da?
Aún no funciona del todo. Pero funcionará.
😍 Recuerda que si comentas, compartes un trocito de tu lectura o interactúas conmigo, me ayudas a llegar a más gente. Y te lo agradezco mucho.
📖 Para comprar mi último libro, El sofá de Carmen, puedes hacerlo desde la web de la Editorial Nazarí o en tu librería preferida, que siempre es mi opción preferida. Recuerda que si no lo tienen siempre puedes encargarlo.



